BUENOS AIRES.- Mucho se ha escrito sobre la gravedad de la crisis financiera internacional y mucho se ha opinado también respecto de sus causas. Lo cierto es que el mundo lleva ya cinco años de una crisis que por momentos da la sensación de ser interminable. La inestabilidad financiera y la falta de crecimiento mundial serán aspectos que acompañarán al mundo persistentemente por la próxima década. En este entorno, se ha tenido la chance de observar el accionar de los principales dos bancos centrales del mundo: la Reserva Federal de EEUU (FED) y el Banco Central Europeo (BCE). Y así como la crisis sorprende casi cíclica y persistentemente, también se ha tenido la chance de observar dos posturas absolutamente extremas y opuestas frente a la forma de transitar un evento único en la historia de los mercados financieros. Lo lamentable es que ambas posturas han sido sumamente ineficaces en resolver las raíces de esta crisis interminable.

Sopa todos los días: agresividad monetaria. Por un lado, la FED de Bernanke ha sido históricamente agresiva en ejecutar una política monetaria caracterizada por tasas en cero y emisión gigantesca de dólares. Si bien el déficit fiscal americano es absolutamente insostenible, muy poco se ha hecho en esta dimensión del problema. Por el contrario, al lado fiscal se lo dejó intacto y la FED impactó a los mercados financieros a través de una dosis muy agresiva de política monetaria. Por momentos se siente como que la FED entiende que la única forma de solucionar su propio desastre es vía licuación monetaria. La FED comenzó con una agresiva política de baja de tasas llevando su tasa de referencia a cero. Y como esto no fue suficiente, vinieron las dos famosas rondas de Flexibilización Cuantitativa (QEI y QEII), que en esencia implica la emisión de dólares contra la compra de bonos del Tesoro. Estas políticas han sido mucho más eficaces en generar inflación de commodities que en reactivar la diezmada economía americana.

Es cierto que la política monetaria tiene enormes ventajas en medio de una crisis. Primero: las bajas de tasas de interés operan muy rápidamente sobre el sistema, generando estímulos en el consumo y en la inversión. Segundo: también es cierto que al volcarse el exceso de dólares en los mercados de commodities y activos financieros los mismos han subido sustancialmente contagiando positivamente expectativas. Cuando los inversores ven subir todo, en general no se cuestionan las causas sino que se distraen vía ilusión monetaria y eso calma temporariamente cualquier otro problema que amenace a la economía real contagiando de un optimismo vacío en esencia. Pero también es cierto que un banco central no puede jugar por cinco años seguidos la misma carta de póker. Lo preocupante es que nada de lo que condujo a Estados Unidos a esta crisis ha sido corregido significativamente. Todo problema ha intentado ser nominalmente disfrazado por una FED continuamente bombardeando a los mercados con parches monetarios. Pero la FED ya hizo lo suyo y más de lo que le correspondía al punto tal de repetirse. Ajuste fiscal sin anestesia. Y del otro lado del Atlántico las cosas están aun peor. El BCE ha negado sistemáticamente el uso de la política monetaria como amortiguador temporario de los problemas reales que impactan a Europa y ha enfrentado al problema con la estrategia del "detrás de la zanahoria". La Unión Europea ha intentado restablecer estabilidad en la relación deuda/crecimiento a través de severos paquetes de ajuste fiscal en un marco de elevadísimo desempleo. Está muy bien intentar tornarse fiscalmente ortodoxo cuando la raíz del problema es exceso de deuda. Pero también es cierto que para que un programa económico pueda implementarse debe primero pasar la barrera social. El problema del enfoque europeo es precisamente ese: para países como España y Grecia con una tasa de desempleo que supera el 25% se hace virtualmente imposible hacer cirugía general sin anestesia. La anestesia estaría representada por la implementación simultánea de una agresiva política monetaria que oxigene al sistema y que le de la fluidez necesaria para realizar los cambios fiscales.